Sin nada más que un barco y la esperanza de una vida mejor, salí de África hace unos dos años. Mi viaje me llevó a los campos de emigrantes, donde viví un tiempo. Decidida a cambiar mis circunstancias, decidí estudiar. Gracias a la perseverancia y al trabajo duro, conseguí una beca que me abrió las puertas a un futuro mejor y a la oportunidad de construir una nueva vida.

